Lección 5: “La maravilla de sus obras”
Para el Sábado 3 de Mayo de 2008
El versículo para memorizar dice: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mat. 9:36).
En esta semana debemos de aprender a:
- Saber de qué modo el Reino de los cielos es tanto una realidad presente como una esperanza futura.
- Sentir el deseo de experimentar la compasión de Dios cada día.
- Hacer llegar el mensaje del Reino de Dios a otras personas.
Hay un versículo que me gusta mucho, entre otras razones porque lo aprendí de memoria siendo muy pequeño. Son las palabras del ángel a María, describiendo la obra del Mesías. “Y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Y eso fue lo que el Señor hizo en su ministerio. Consiguió para nosotros la salvación mostrándole al mundo un nuevo camino: cómo ser hijos de Dios. Dentro del mensaje de perdón que Jesús empezó a predicar es donde encajan las obras prodigiosas del Maestro. Las realizó porque con su venida “El Reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Esto es, porque nos ama.
Los milagros
Los milagros son actos de la gracia de Dios. A través de ellos el Señor nos llama a un cambio de vida, a un acercamiento hacia él. Jesús sanó a leprosos. La ley dice que si uno toca a un leproso queda inmundo. Pero Jesús, al tocar a los leprosos no se contaminó, pues él era la fuente de salvación para limpiar toda maldad.
Si te sientes como un leproso lleno de pecado, no dudes en acudir a Cristo. Él no se va a contaminar, no pienses que eres demasiado malo o mala para acudir a Jesús. Él te va a limpiar de todo pecado, y te hará entrar en su Reino de gracia. Jesús obró milagros porque se compadeció de la triste situación humana. Por esto vivió haciendo el bien: sanando a los enfermos, resucitando a los muertos predicando el perdón de los pecados. En realidad todo esto es predicar, si lo hacemos para la salvación de las personas. Si no, todo no es más que meros actos humanitarios desprovistos del amor de Dios.
Su fe
¿Por qué hizo Jesús señales tan prodigiosas? Por la fe que tenía en su Padre. La fe es el elemento más precioso que puede albergar el corazón del hombre. Por la fe entendemos y aceptamos el amor de Dios manifestado en la Palabra. Por la fe somos salvos y esto ya es uno de los mayores milagros. Por la fe perseveramos en la iglesia y nos mantenemos de parte de Cristo. Por la fe le abrimos el corazón al Espíritu para que venga y cambie nuestros frutos carnales en frutos espirituales. Por la fe manifestamos los dones que el Señor nos da.
La fe salvífica es aprender a depender de Jesús completamente, mientras avanzamos haciendo su voluntad. Por esto, en el incidente del barco (Mateo 8:25-27) Jesús les reprochó a sus discípulos su falta de fe. No habían acudido a él inmediatamente. Habían luchado solos primero, y sólo al ver que la tormenta los aplastaba, acudieron. ¿Cómo está tu vida ahora? ¿Las furiosas aguas de este mundo anegan tu alma? Acude a Cristo. Nunca es tarde. Él igual hará el milagro, y esta es otra lección aprendida en el Mar de Galilea.
El propósito de las obras
Los muchos milagros que acompañaron al Mesías eran una señal de su venida a este mundo. Las antiguas profecías se cumplían. Esto fue lo que animó a Juan el Bautista a perseverar en la fe hasta el fin. El Mesías realmente había venido. Los milagros lo mostraban como el verdadero Salvador del mundo.
En nuestro caso, las señales siempre han seguido a los hijos de Dios. Ellas son una muestra de que somos su pueblo verdadero. No puede haber un hijo genuino del Padre que no haya experimentado o sido canal de prodigios. Existen muchos hijos que experimentan o manifiestan poco, porque han pedido poco, o quizá están contentos con casi nada. “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” (Mateo 7:7).
Las obras del Mesías apuntan a la realidad presente y futura de su reino de gracia. Las curaciones, la esperanza, la victoria sobre la muerte son un preanuncio del mundo que viene, donde habrá una tierra nueva: sin llanto, sin dolor, sin muerte. Jesús materializó ayer aquello que viene mañana. Por esto también nosotros, tenemos el tremendo desafío de mantener en este mundo el Reino de los Cielos, el Reino de la Gracia, siendo un pueblo distintivo, personas lavadas y transformadas, reflejando el carácter del Maestro. Así anunciamos lo que será mañana ¿Será esto posible? “Hombre de poca fe, ¿por qué dudas?”(Mat 14:31).
Que la paz del Señor sea contigo.
Pr. Walther Ruiz





