Lección 8: “La intensidad de su caminar”
Para el Sábado 24 de Mayo de 2008
El versículo para memorizar dice: “El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo.”
(1 Juan 2:6)
En esta semana debemos de aprender a:
- Saber que el poder de Jesús para vencer la tentación provenía de su intimidad con el Padre.
- Sentir que un deseo de pasar mucho tiempo en oración cada día, y cultivar ese deseo.
- Hacer todo esfuerzo para desarrollar una conexión estrecha con Dios.
La vida de nuestro Señor estuvo llena de acción. Desde el inicio de su vida anduvo por diferentes lugares. No todos los niños del mundo tienen hoy la posibilidad de crecer en dos países diferentes. Más aún en esos días. Pero Jesús conoció Egipto, anduvo entre Judea y Galilea, que en la práctica eran pequeños estados no colindantes, aún antes de nacer. Su actividad posterior fue un ejemplo de cómo nosotros debemos andar, como hijos de Dios en este mundo.
Los primeros años. Luc 2:39-52
Los evangelios no se concentran en relatar la infancia de Jesús. Hubo sí otros escritos espurios como los evangelios de Santiago, Tomás, pseudo Mateo y varios otros relatos compuestos en la Era Cristiana, que han tratado de llenar infelizmente esos “años perdidos.” Pero la información fidedigna que tenemos es suficiente para sacar lecciones valiosas de los primeros años de la vida del Maestro. La Palabra nos dice que Jesús estaba sujeto a sus padres, y que por esto “se fortalecía, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre él.” Jesús el adolescente no hablaba con poder y autoridad porque de casualidad citaba las Escrituras. Había trabajo arduo y constante detrás. Él tuvo la dicha de vivir en un hogar donde se lo crió saludablemente, donde se le enseñó a amar a Dios por medio de la enseñanza de las Escrituras y el ejemplo paterno; y donde se confiaba profundamente en la providencia divina. Lo lindo de esto es que todos los padres podemos alcanzar esta vida ideal para nuestros hijos. Ser buen padre o buena madre no nace, es algo que se cultiva. Un padre bueno puede ser la mayor bendición o una de las mayores desgracias que le toque vivir a un niño. ¿Quieres ser una bendición para tus hijos? Busca con sinceridad al que puede transformar tu vida, tu carácter, y puede ayudarte a reconstruir tu precioso hogar. La fortaleza de la iglesia se mide por la fortaleza de los hogares que la componen.
Al comienzo de su ministerio. Mateo 4:3-10
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto. Era necesario presentar batalla al maligno y lograr una primera victoria decisiva. En esos cuarenta días, Jesús se debilitó físicamente, pero se fortaleció aún más en la Palabra y la oración. Así pudo enfrentar las tres terribles tentaciones a las que lo sometió el diablo. El hecho que la Biblia hable de tres tentaciones, posiblemente señale que esas no fueron las tres únicas tentaciones de los cuarenta días, sino las culminantes. Este momento de la vida del Señor es una lección de cómo podemos triunfar sobre las tentaciones. Necesitamos estar revestidos de la armadura antes de que empiece el combate. Por esto el Salvador diría más adelante: “Velad y orad, para que no entren en la tentación.” La preparación espiritual debe venir primero.
Su vida de oración.
Jesús fue probablemente la persona más ocupada del mundo, pero también fue la persona que más oraba. Esta es una gran enseñanza en cuanto al manejo de nuestras ocupaciones y nuestras preocupaciones. Tres puntos son destacables: La oración preparaba a Jesús para los milagros que vendrían ese día (Mat 14:23), Jesús oraba antes de tomar toda decisión (Lucas 6:12), y finalmente, Jesús oró para ser suficientemente fortalecido y así darle gloria al Padre (Juan 17). Con nosotros es exactamente lo mismo.
Intensidad para la misión. Juan 4:34
La comida y la bebida de Jesús era hacer la voluntad de su Padre. Además, su misión en este mundo iba de acuerdo al reloj profético. Tenía tres años y medio para acabar su obra. Todo esto hizo que el ritmo de actividades fuese muy intenso. Por esto Jesús obró con sabiduría. No se casó y la mayoría de su ministerio se realizó cerca a las familias de sus discípulos, a quienes daba licencia durante períodos de tiempo. Es posible que en esos momentos haya provisto para su madre y hermanos. Después de sus jornadas de trabajo separaba tiempo para ir aparte y descansar con sus discípulos. A veces hay personas que piensan que el pastor o un líder de la iglesia debe trabajar 24/7, sin parar nunca. Quizá un pastor puede andar así, pero ciertamente su familia necesita un período de descanso. Los que han intentado andar en este aspecto desequilibradamente, han recogido una amarga cosecha: salud resquebrajada, familia arruinada, falta de reingeniería, etc. Uno debe tener tiempo para recibir, si quiere dar.
Las Escrituras nos dicen que debemos andar como Jesús anduvo: Él no sólo anduvo haciendo bienes, era el bien hecho persona. Nada de esto se puede lograr sin caminar con Dios. Este era el secreto de la fortaleza del Mesías, y fue éste uno de los puntos donde el adversario trató de arruinar el plan de salvación. Normalmente este es el primer punto por donde el diablo logra resfriar nuestra fe. ¿Qué podemos hacer? Me gusta pensar que la parábola del sembrador ocurre cada día. Si Dios te da un día más, es porque hoy él ha arrojado la semillita del evangelio en tu corazón. Oye la voz del evangelio, acude a Cristo sin tardar, y pídele que saque las piedras, las espinas y las durezas de tu corazón para que la semilla crezca y dé los frutos del Espíritu. La meta del cristiano es ser como Cristo. No es hijo de Dios el que va a la iglesia a criticar, o no quiere perdonar, o no quiere cambiar. Todos necesitamos contemplar nuestras iniquidades en el espejo prístino del carácter de Cristo. Y ser transformados por su Espíritu. Y ahora, sé una bendición para los que te rodean.
Pr. Walther Ruiz
Loma Linda, mayo de 2008.




