Resumen: La Expiación y la iniciativa Divina

by ojohnson on October 24, 2008

Lección 4: “La Expiación y la iniciativa Divina”

Mundo de Dios

Para el Sábado 25 de Octubre de 2008

El versículo para memorizar dice:“Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9, 10).

OBJETIVOS:

  1. Conocer que el plan de salvación es la provisión de la gracia en Cristo, previamente concebida en la mente divina como el único recurso para la reconciliación, entre Dios y la humanidad.
  2. Sentir que pese al dolor causado por el pecado, el misterio de la reconciliación es la restauración de la individualidad, unidad y libertad moral de la humanidad, otorgado en la persona y obra de Jesucristo mucho antes de la creación.
  3. Decidir: Hacer, aceptar y obedecer la justicia de Cristo como la garantía de nuestra entrega y unidad de fe.

VERDAD CENTRAL:

Dios quería que la lealtad de sus criaturas se basase en la convicción de que su carácter es amor, justo y benévolo. Por ello, frente a una eventual separación y rotura de su relación, en concilio divino; se determinó un plan de redención. En el amor y la misericordia de su identidad, la divinidad intenta restaurar, no solo la relación, sino la identidad de origen del ser humano. Dios previó la provisión reconciliadora en la sublime gracia de la persona y obra de Jesucristo.
Él es nuestra garantía de fe, unidad y esperanza eterna. “El hombre no puede ser salvado sin la obediencia, pero sus obras no deben ser propias. Cristo debe efectuar en él tanto el querer como el hacer la buena voluntad de Dios”.

ENSEÑANZAS:

1.    Él es reconciliación: ¿Puede el dolor de nuestra separación de Dios cambiar nuestra perspectiva de vida? La vida  y obra de Jesucristo dejan ver los propósitos divinos de reconciliación. El dolor que padeció con nuestra separación y la consecuente tragedia del pecado y su desenlace total, jamás podrá ser comprendido. Pero si podemos contemplar a Cristo y su misión al obedecer su Santa Ley y cambiar nuestra perspectiva a la reconciliación en el amado. “La encarnación de Cristo es un misterio. La unión de la divinidad con la humanidad ciertamente es un misterio, oculto con Dios”, “misterio escondido desde los siglos”. Cristo es la reconciliación previamente provista en la eternidad divina.
Eclesiastés 7:29; Romanos 3:19 – 22; 5:6–8; 8:3; Gálatas 3:21.

2.    Él es gracia: ¿Cómo puede el misterio de la Gracia favorecer nuestra experiencia espiritual? Dios creó al hombre y a la mujer. Como a todas sus criaturas perfectas, les otorgó la individualidad que les permitió la libertad de elección y la capacidad de decisión para obedecer o desobedecer los requerimientos divinos de la Santa Ley. En el conocimiento del ejercicio de esa libertad humana, la Divinidad proveyó su gracia en la entrega total de Jesucristo como suficiente
recurso Redentor. Nuestra relación con él favorecerá nuestro crecimiento espiritual.
Lucas 6:35; Romanos 5:20, 21; 2 Corintios 8:9; Efesios 1:7.

3.    Él es unión: ¿Visualizamos la unión de la Divinidad en la identidad de Cristo como Redentor? El plan de salvación no fue hecho al azar, sino concebido, diseñado previamente decidido en concilio divino desde antes de la fundación del mundo, y mantenido oculto para ser activado y puesto en práctica oportunamente. En las experiencias de vida de Jesucristo, sus obras, su ministerio, muerte, resurrección y ascensión e intercesión o mediación en nuestro favor, la unidad divina se entrega totalmente como única provisión redentora; invitándonos a mantener de igual manera la unidad de propósito en la misión.
Efesios 1:4, 10; 3:6; 6:19; Colosenses 1:26, 27; 2 Timoteo 1:8, 9; Tito 1:2.

4.    Él es entrega: ¿Qué es entrega, y como se identifica en las experiencias cristianas de este tiempo? El camino de la cruz no fue fácil. Pero fiel al compromiso de su misión, Cristo lo recorrió voluntariamente y con gozo. No estuvo obligado a hacerlo sino que lo hizo por amor. Conociéndolo todo desde el principio, podía haber buscado otra salida, pero siendo la ley un trasunto de su carácter; es inmutable y por tanto lo único viable era enfrentar el problema asumiendo en si mismo, totalmente; las consecuencias funestas del mal uso de nuestra libertad. Eso es entrega. Padecer en si mismo el castigo de nuestra desobediencia. Sacrificarse en favor de otros por amor, es compromiso; que en nuestros días se adolece, y que bien haríamos de considerarlas como parte de nuestras experiencias cotidianas.
Mat. 26:36-46; Mar. 10:45; Juan 10:17-18; Gálatas 1:4; 2:20; Efesios 5:2; Tito 2:14.

5.    Él es garantía: ¿Cómo poseer la garantía divina de nuestra redención? Consciente de su misión y en el compromiso divino de salvarnos de las consecuencias eternas del pecado, de restaurarnos a nuestra identidad de origen, y de transformarnos a la imagen y carácter divinos, Jesucristo; cumplió paso a paso, día a día, lo que era necesario hacer, conforme a la voluntad del Padre. Cuando todo concluya, los que de igual manera hayan caminado con Él en la voluntad
del Padre, participaran de su gloria y majestad eterna. Porque Él es nuestra garantía de salvación, nuestra certera redención. Que Él sea nuestra máxima posesión de fe y esperanza.
Mateo 16:21; Lucas 4:43; 9:22; 17:25; 19:5; 22:37; 24:7; 24:26; 24:44; Juan 3:14; 9:4; 12:34; Hechos 3:21;17:3.

APLICACIÓN PERSONAL:
Desde el principio, Dios tomó la iniciativa de crearnos, relacionarnos, buscarnos y rescatarnos. En la mente divina fue concebido todo el diseño de un plan divino y eterno, que proveyera la certeza y la esperanza de una total y completa redención en la provisión del Hijo de Dios. “El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y adoración del universo”. Y nosotros necesitamos desde ya: 1) Gloriarnos, en la cruz de Cristo, entregándonos a Él, como lo hizo por nosotros. 2) Reconocer su sacrificio y aceptarlo como la única garantía de nuestra salvación. 3) Aceptar los desafíos de nuestra fe, y reconciliados con Dios en Cristo disfrutemos su gracia compartiéndola con otros.

© Cora Duma Escobar de Villareal

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