Resumen: La caída en el pecado

by ojohnson on October 20, 2008

Lección 3: “La caída en el pecado”

Adan_y_eva

Para el Sábado 18 de Octubre de 2008

El versículo para memorizar dice:“¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

OBJETIVOS:

  1. Conocer que la Santa Ley es inmutable y, aunque el pecado separó a los seres humanos entre sí y nos puso en rebelión contra Dios, Él asumió los cargos y a través de Cristo hizo posible nuestra restauración.
  2. Saber que no necesitamos vivir angustiados por cumplir la ley, sino solo confiar en Cristo en todo momento de nuestra vida, a fin de que la ley sea nuestra feliz salvaguarda.
  3. Decidir: aceptar y obedecer la Santa Ley por fe en Cristo, y en sus méritos expiatorios en la cruz vivir como canales de luz para otros.

VERDAD CENTRAL:
En la prerrogativa divina de crear un equilibrio cósmico, “el Señor hizo posible la existencia de una multiplicidad de formas de vida, así como la de la vida inteligente”; cuya identidad e individualidad gozara su compañerismo, en la feliz libertad salvaguardada por su Santa Ley. Aunque sin coartar la voluntad de sus criaturas, y para dejar por ella la elección decisiva a su existir; puso un solo límite a toda la gama de privilegios y libertades que le generaban vida: su Santa Ley. Ésta es clara, como también su justicia, ante los desacatos, que en desobediencia abierta, produjeron rebelión. Tal es el resultado que requirió en su misericordia: la sangre expiatoria de su amado Hijo, quien se constituyó voluntariamente en el Cordero inmolado en nuestro rescate, a fin de restaurarnos a su compañerismo, en libertad de vida, bajo su manto de justicia, transformados a su imagen.

ENSEÑANZAS:
1. Él es compañerismo: ¿Cómo pudo romperse el compañerismo con Dios? Dios otorgó a sus criaturas inteligentes la opción de elegir libre y voluntariamente vivir. En su compañía tenían todo lo que necesitaban para ello, incluso la vida misma. Una sola cosa era prohibida para dar lugar a su voluntad inteligente de actuar libremente en obediencia a su Creador: el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Éste era solo el recurso para reafirmar la individualidad humana en su identidad de origen por su propia voluntad, aunque también estaba la opción contraria; rechazar la Ley, desobedecer, cuyo resultado es la muerte, la separación definitiva de la vida física y espiritual. Y esto fue tristemente, su decisión; que no solo rompió el compañerismo con Dios, sino su vida misma.
Génesis 1-3, 1: 26,28; 2:16,17; 3:2,3, 6, 7-12, 23, 24; Salmo 72:8; Isaías 41:2; 59:2. 110:2.

2. Él es libertad: ¿Puede el hombre recuperar la libertad con la que fue creado? Sí; siendo que la Santa Ley de Dios, es un trasunto de su carácter, nuestra libertad en ella es el don divino de su amor que asegura nuestra felicidad eterna. “Solo por la perfecta obediencia de Cristo a los requerimientos de la ley, el hombre es justificado. Solamente mediante la fe en Cristo es posible una obediencia tal” Dudar de la Palabra de Dios, conlleva a la desobediencia, y es propósito satánico esclavizarnos al pecado. Pero en Cristo hemos sido liberados, no debemos continuar en desobediencia a su Santa Ley, que es nuestra libertad en su amor y compañía.
Génesis 1:10; Juan 12:31; 14:30; Romanos 5:12, 21; 6:12, 20; 7:11, 13, 17; 8:20; Efesios 4:17; 2 Pedro 2:19.

3. Él es vida: ¿Por qué la experiencia de la desobediencia produjo la muerte? La separación de la compañía y la perdida de la presencia de Dios fuera del huerto, nos separó de la fuente de vida. Y por consecuencia la muerte fue el único resultado. Por ello solo Dios en Cristo pudo proveernos vida nuevamente según su propósito eterno. La voluntad de participar en ella es libertad nuestra, aunque siempre sugiere “Escoge pues la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. Escogerlo a Él es nuestra mejor elección, Él es la única fuente de vida y su Santa Ley; nuestro custodio de fe en sus promesas.
Génesis 3:15; Deuteronomio 30:15-20; Eclesiastés 9:3; Jeremías 17:9; Mateo 15:19; Romanos 1:21-25; 3:10; 8:6, 7; Gálatas 5:17.

4. Él es justicia: ¿Es la justicia divina aceptada como la única alternativa contra el pecado? Nuestra limitada percepción no nos permite ver mas allá de los resultados funestos en los que estamos inmersos; la consecuencia misma de nuestras elecciones cotidianas, y culpamos a Dios por ellas, aseverando las acusaciones satánicas de que Dios es injusto. Sin embargo, aceptémoslo o no; solo la justicia divina puede poner fin a todo esto. El amor de Dios no puede coexistir con el pecado, y para que sus criaturas podamos gozar nuevamente de su amante compañía, justo es destruir totalmente el pecado y todo su apero malévolo. A fin de restaurarnos a su completa presencia; si humildemente nos afianzamos en sus promesas; a su tiempo Dios lo hará y su justicia se aceptará como su más grande bendición de amor.
Génesis 2:17; Salmo 88:3, 4; Isaías 57:17-21; Romanos 5:10-21; Hebreos 9:27.

5. Él es restauración: ¿Cómo considerar la Caída en el pecado de la humanidad, sin considerar la justicia divina? Siendo que la justicia demanda no solo el perdón del pecado sino la muerte del pecador; Dios en su plan eterno previó el infinito sacrificio de su amado hijo para nuestra salvación. “Nada sino la muerte del amado Hijo de Dios podía expiar el pecado del hombre, y Adán se maravilló por la bondad de Dios al proporcionar tal rescate por el pecador”. “Envió a su Hijo al mundo para que, por haber tomado la naturaleza y forma humanas, la humanidad y la divinidad combinadas en él elevaran al hombre en la escala de valores morales delante de Dios” y la restauración total y definitiva de su compañía.
Génesis 3:8 al 13 Deuteronomio 4:24, 25; Isaías 54:8; 55:12, 13; 1 Corintios 15:20 -27,  54 -56; 1 Tesalonicenses 1:10; Hebreos 12:6; Apocalipsis 20:15-21:1.

APLICACIÓN PERSONAL:
“El origen del pecado en el mundo sigue siendo inexcusable en la Escritura y es absolutamente innecesario. La caída de Adán y Eva, creados a imagen de Dios, no puede ser plenamente comprendida. Sólo podemos señalar, como en el caso de Lucifer, que usaron mal su libertad y, por lo tanto, experimentaron el extraño fenómeno de la auto corrupción. El daño que causaron fue irreparable y permanente. Había elegido la muerte. Su caída los hizo esclavos de un poder que estaba más allá de su control. La raza humana se dirigía hacia la extinción total. Si Cristo no hubiera intervenido, la separación entre Dios y el hombre habría sido definitiva”. Por ello necesitamos: 1) Reconocer que desobedecer la Santa Ley es un acto de rebelión contra Dios, 2) Entender su resultado en la muerte sin esperanza. 3) Aceptar a Cristo en la Cruz como la única respuesta que agotó el castigo y proporcionó el perdón, restaurándonos en completa reconciliación con Dios.

© Cora Duma Escobar de Villareal

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