Lección 10: “El significado de su muerte”
Para el Sábado 7 de Junio de 2008
El versículo para memorizar dice: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45).
En esta semana debemos de aprender a:
- Saber y comprender que el sacrificio de muerte del Señor para toda la gente fue hecho por su propia elección. Él vino por su propia voluntad para salvarnos.
- Sentir gozo por su poder para quitar los pecados de tu vida.
- Hacer que tu vida esté libre del poder esclavizante del pecado mediante el poder de la morada en ti del Espíritu de Cristo.
El alcance de la muerte de Cristo es uno de los temas más importantes de las Escrituras. Sin embargo, las implicaciones de este sacrificio no son entendidas por muchas personas, cristianos incluidos. Hoy veremos diferentes perspectivas del significado de la obra redentora lograda en la Cruz.
Nacido para morir; Luc 2:25-35
Simeón era un hombre justo y devoto que escudriñaba las Escrituras y esperaba la venida del Mesías. El Espíritu Santo estaba con él. Las características de la vida de este hijo de Dios son una ilustración de lo que un cristiano debe anhelar obtener. Para él, la vida y la muerte de Cristo significaban la liberación del pecado, la luz de la salvación para todos los hombres y la manifestación de la gloria de Dios en medio de su Pueblo. La muerte de Cristo es un hecho tan determinante para la persona que la contempla, que uno no puede seguir adelante en la vida sin tomar una decisión. Muchos rechazan la muerte expiatoria en la Cruz. Esto significa su caída. Otros la aceptan con gozo y son exaltados por el Señor, pues ya no son sus enemigos, sino sus hijos. La muerte de Jesús sería una espada que atravesaría el corazón de su propia madre.
Cómo sucedió.
El ministerio de Cristo fue de un continuo avance sincronizado con la profecía. En el tiempo debido, el Mesías entregó su vida, que le fue quitada por los hombres. Los sucesos hasta su muerte fueron terribles para Jesús. El que no conocía el pecado, ahora debía gustar la más horrible de las muertes, cargando sobre sí la culpa de la humanidad, que fue lo que le arrancó la vida últimamente. Jesús tomó la decisión más valiente, confiando en el poder sustentador del Padre. No podemos echar la culpa a ninguna raza por la muerte del Mesías. Los azotes, los golpes, los clavos y la cruz eran parte de una muerte cruel pero lenta. El Señor estuvo apenas tres horas suspendido entre el cielo y la tierra. Fue levantado en la cruz, mientras nuestros pecados aplastaban su corazón, haciéndole sentirse definitivamente separado del Padre ¡Qué sacrificio, qué amor!
Lo que su muerte logró
Por medio de su muerte, Jesús hizo posible para nosotros el perdón de nuestros pecados y una real reconciliación con Dios. Hay cuatro puntos que considerar y son los siguientes:
La muerte de Cristo fue un sacrificio: En Efe 5:1,2 Pablo nos anima a imitar a Cristo, quien se ofreció a sí mismo como sacrificio en nuestro favor. Él fue la dádiva perfecta, el don que podía librarnos del pecado, pues era perfecto, sin contaminación y el único con capacidad de vencer la muerte, por la vida que emanaba de sí. De la misma manera, para todos los que nos conocen y nos rodean, nosotros podemos ser exactamente lo que ellos necesitan para aceptar la redención en Cristo.
Su muerte nos rescató, Mat 20:28: Jesús puso su vida por la nuestra. Experimentó la muerte segunda para rescatarnos de ese triste destino. En él somos libres para vivir.
Su muerte es propiciatoria, Heb 2:17: Si creo en Cristo hoy, me puedo acercar al Padre para pedir perdón por mi vida. El Padre nos perdona en virtud de la muerte de Cristo. “Sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecados.” Nuestros pecados son lavados y cubiertos por la sangre eficaz de Cristo. Sin él no tendríamos ninguna esperanza. Es por su sangre derramada que Cristo hoy puede oficiar ante el Padre por nosotros, como Sumo Sacerdote.
Su muerte nos reconcilia, Rom 5:8-11; 2 Cor 5:18-21: Dios nos ha reconciliado consigo mismo a través de la sangre de Cristo. Él abrió para nosotros un camino antes imposible por ser enemigos de Dios. Creyendo en él hoy somos sus amigos y podemos entrar en el camino de la salvación, hasta el fin del tiempo de gracia.
La seguridad del universo.
La cruz es el punto culminante de la manifestación del amor de Dios al mundo. Pero también es la mayor manifestación de lo que es el pecado y la maldad. Esto fue contemplado por los hombres y por el universo entero en terrible estupefacción. Los ángeles velaron sus rostros al contemplar al Creador dando su vida en rescate por el hombre. Ya no hay duda en cuanto a lo que el pecado propone como opción de vida, o mejor dicho, como opción de muerte eterna. Es por esto que la cruz asegura la eliminación completa del pecado cuando Cristo vuelva, no sólo de la tierra, sino de todo el universo. El pecado se irá para no volver jamás. Todo esto ha sido logrado por la sangre de Cristo. Hoy el Espíritu dice ven, la Esposa dice ven, y por favor, si estás oyendo, ven y toma gratuitamente del agua de vida en Jesucristo, Señor nuestro.
Pr. Walther Ruiz
Loma Linda, junio de 2008




