Lección 7: “El enigma de su conducta”
Para el Sábado 17 de Mayo de 2008
El versículo para memorizar dice: “Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores” (Mat 11:19).
En esta semana debemos de aprender a:
- Saber cómo la fidelidad de Jesús en hacer la voluntad del Padre, en el cielo, estuvo sobre todo lo demás. Y él sabía que la voluntad de Dios para él era que salvara a la humanidad.
- Sentir el deseo de demostrar personalmente que cada creyente es aceptado en la familia de Dios, sin tomar en cuenta su condición socioeconómica.
- Hacer el esfuerzo de alcanzar a todos, sin tomar en cuenta su condición.
‘Vayan y cuenten lo que han oído y han visto’ le dijo Jesús a los discípulos del Bautista. Ellos tuvieron el extraño privilegio de contemplar en vivo y en directo las obras y la conducta de Jesús. Su proceder estaba totalmente vinculado a su gran objetivo: salvarnos del pecado y de la muerte. Sin embargo, muchos de sus actos resultarían inesperados y confusos para nosotros, que estamos separados culturalmente del la encarnación por unos dos mil años. Incluso sus contemporáneos llegaron a condenar su conducta, por no encajar en lo que ellos pensaban que sería el Mesías.
¿Abandonó a sus padres?
De alguna forma que no alcanzamos a entender, por falta de datos, los padres de Jesús lo olvidaron en Jerusalén, al regresar de la Pascua, cuando éste tenía doce años. Posiblemente el adolescente sintió el llamado de ir al centro de la teología hebrea. Quizá quiso dar un último vistazo al templo antes de partir y empezó a conversar con alguien. El asunto es que estuvo tres días perdido. Cuando José y María lo encontraron y ella lo reprochó, el jovencito les dijo que no tenían de qué preocuparse, que estaba atendiendo los asuntos de su Padre. En realidad, eran ellos que lo habían descuidado. Quizá esa fue la gran travesura de la niñez de Jesús (casi todos hemos cometido una). Los tres días podían haberse vuelto meses. Es que cuando Jesús hablaba, las personas perdían la noción del tiempo. También era otra sociedad, donde los padres te podían soltar con seguridad en medio de la caravana de vecinos, seguros que ibas a volver en la noche. Aún así, no podemos juzgar al Mesías como juzgaríamos a un niño por cuanto sus palabras reflejaron su condición divina. Él no abandonó a sus padres, “estuvo sujeto a ellos.”
Mostrando enojo
En más de una ocasión Jesús mostró enojo por medio de sus actos y palabras. Bien dice el apóstol que hay una distinción entre el airarse y el pecar. Quizá la línea sea el rencor y el resentimiento, junto con la voluntad de destruir o dañar a la otra persona. La ira del Salvador procedía de la justa indignación. Qué bueno que lo justo no es subjetivo sino objetivo y concretamente iluminado por el evangelio. En ocasiones, Jesús usó palabras airadas para ilustrar una triste realidad, como el caso de la higuera estéril, símbolo del pueblo judío. Algo que sí nos dice el testimonio es que cuando Jesús se airaba, la gente no percibía en él deseo de hacer daño. Sus ojos se llenaban de lágrimas mientras reprendía, su voz transmitía compasión más allá de las palabras. Era un tipo de enojo redentor. Probablemente veremos esa misma expresión, cuando tenga que terminar definitivamente con el pecado. A veces, uno tiene que
defender con uñas y dientes aquello que es claramente justo. Aún en ese momento, “airaos pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo.”
¿Descuidó a los perseguidos?
¿Fue Jesús indiferente a lo que le pasó al Bautista? Hay muchas cosas que han cambiado hoy y que antes eran impensables: transporte rápido, servicio postal, internet, periódicos, radio y televisión. Si se hubieran escrito todos los pormenores de lo que pasó en el abusivo arresto y posterior asesinato de Juan y cómo afectó esto a Jesús, tendríamos al menos un evangelio más. Sabemos sí, que Jesús se retiró a Galilea. Sabemos que lo hacía cuando su vida corría peligro en Judea. Sabemos que todo fue una conspiración diabólica para liquidar al precursor y al Mesías. Está registrado el episodio de los discípulos de Juan; sabemos que al mayor de los nacidos de mujer quizá le faltó la fe, y sabemos que de alguna forma el mensaje y lo que ellos vieron y oyeron de Cristo, era lo que Juan necesitaba para fortalecerla frente al martirio. Inferimos que salvar la misión principal tuvo ese terrible e impensado costo. Sabemos que vivimos en un horrible mundo de pecado, donde Dios permite la muerte del justo en el mejor momento según su misericordia. Sabemos que Jesús se retiró y estuvo sólo un tiempo al recibir la noticia de la muerte. Y estoy seguro que hubo muchas lágrimas y oración hasta someterlo todo a la voluntad del Padre.
Acompañando a los indeseables
Jesús rompía moldes. No era el Mesías, sentado en trono de oro destruyendo con un movimiento del índice a legiones romanas enteras. No era el amigo de los “justos” hipócritas de sus días. Era el verdadero Mesías que vino a salvar a los que se habían perdido. ¿Eres salvo? No te aísles de los que necesitan del mismo mensaje que te dio una nueva vida. Haz algo por ellos. A veces hasta da miedo, pero ten fe y ánimo en el Señor para llevar a los indeseables de este mundo el amor de Cristo. Muchas veces estos enfermos no son los más pobres. También hay publicanos, con mansiones impresionantes, que no logran ocultar la miseria humana de sus habitantes. Usa el método de Cristo. Muéstrales simpatía, atiende sus necesidades, gánate su confianza. Entonces condúcelos al que puede darles Vida en abundancia.
Pr. Walther Ruiz
Loma Linda, abril de 2008
Sobre el autor: Osvaldo Johnson
Fundador y editor general de este lugar, fiel amante de Dios y estoy en busca de una piedrita con mi nombre en un día no muy lejano.
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