Resumen: El Apóstol Juan

by ojohnson on August 15, 2008

Lección 7:  “El Apóstol Juan”

Apostol_juan

Para el Sábado 16 de Agosto de 2008

El versículo para memorizar dice:“No tengo yo mayor gozo que éste, el oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 4).

  1. Saber que Cristo, para salvarnos, vino a enseñar los principios del cielo en paradigmas de amor; que Juan particularmente experimentó y trasmitió por escrito para las generaciones futuras.
  2. Comprender: El amor divino, en la sumisión absoluta a la voluntad de Dios, modelada en la vida de Jesús, y que Juan por experiencia personal de una entrega total pudo reflejar en un carácter transformado.
  3. Tomar la decisión: De someter nuestro corazón, mente y voluntad a Cristo, a fin de ser
    transformados por Él –como Juan– en discípulos amados por el cielo.

VERDAD CENTRAL:
Cristo vino a mostrarnos el amor, principio fundamental del carácter divino, modelando así para los suyos los paradigmas del reino de los cielos. Juan, en su anhelo de participar de ese reino y permanecer cercano a su maestro,
particularmente observa y absorbe sus enseñanzas identificándose como “el discípulo amado”, legándonos de igual manera ese principio como el fundamento de nuestra esperanza de salvación e identidad de fe. Siendo nuestra salvación una preeminencia Divina, Cristo puntualizó este principio en nuestras relaciones personales e interpersonales, a fin de reevaluar nuestros paradigmas de fe y por una experiencia personal particular propia, individual e íntima, dentro de una fraternidad espiritual legítima; mantener la unidad e identidad moral que como
comunidad cristiana debe conservarse, en el proceso de transformación y construcción de nuestro carácter, único ID (credencial de identidad) para entrar en el reino de los cielos.

1. La preeminencia divina: ¿Por qué Cristo, tuvo que venir a mostrarnos el carácter de Dios? Siendo nuestra salvación una preeminencia Divina, y que el carácter es lo único que llevaremos al cielo, fue necesario que Cristo modelara por precepto y ejemplo los principios del cielo, que en forma personal, cada uno de los aspirantes a ese reino pueda vivir. Dios anhela restaurarnos; como a Juan, y hemos de anhelar nosotros, en sujeción y entrega plena a la voluntad de Dios ser transformados al carácter divino; somos llamados a ser semejantes a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Mateo 4:21,22; 8:21, 22; Marcos 1:20; 3:13-17; Lucas 5:1-11; 14:26; Filipenses 3:8; 1 Juan 2:1; Apocalipsis 3:20.

2. Una relación personal: ¿Cuán personal es la relación de Cristo con nosotros? La relación de pertenencia y permanencia que une a los seres humanos entre si en intimidad y unidad es fundamentada en el amor que se comparten mutuamente. La comunión de fe, de igual manera, nos da pertenencia y permanencia personal y espiritual en virtud de la unidad e intimidad que amorosamente compartimos. Juan compartió su suerte con Jesús, y su carácter fue transformado, constituyéndole en el eslabón de esperanza, fe y amor, entre los cristianos; aun por generaciones. Nuestro tiempo es hoy.
Mateo 4:21,22; Marcos 10:35-45; Juan 15:13; Lucas 9:54.

3. Un principio fundamental: ¿Cómo el amor puede ser un vínculo de relación entre desconocidos?
La constancia y persistencia, esforzada y dedicada puede ayudar a alcanzar cualquier objetivo. Nuestra salvación requiere todo eso; el cielo ha hecho su parte, la respuesta de cada uno hace la diferencia. Solo conociéndose mutuamente, los desconocidos pueden verdaderamente amarse. De igual manera debemos conocer personalmente a Cristo, y su propósito salvífico para nosotros puede llegar a ser la realidad que tanto hemos buscado, huidizamente de su amor. Amémoslo hoy y como Juan; hagamos la mayor preeminencia de nuestra vida.
Deuteronomio 32:45-47; Marcos 9:38-40; Lucas 9:51-36; Juan 1:1-3,5-7, 14; 2:3-11; 3:1,2; 15:13; 21:25.

4. Un nuevo paradigma de fe: ¿De que manera la preeminencia, se contrapone a la prepotencia?
Sencillamente: el privilegio de preferencia que Dios tiene hacia nosotros no tiene nada que ver con abuso de poder. Cristo, siendo el hijo de Dios, Todopoderoso, Creador, Sustentador y Salvador nuestro, vino para servir y no para ser servido de la humanidad. Por ello puntualizó “Sabeos que los gobernantes, se enseñorean sobre las naciones, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así; sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor y el que quiera ser el primero… será vuestro siervo,..”. Nuestro privilegio de preferencia, como líderes de fe, esperanza y amor, nos impulsa a servir desinteresadamente en el modelo de Cristo.
Mateo 20:25-28; Juan 6:35, 63; 10:28; 12:25; 14:6; 17:3; 20:31; Gálatas 5:22,23; 1, 2, y 3 de Juan.

5. Una vida transformada: ¿Cómo una vida puede ahora ser transformada? Solo la sumisión plena y completa a la voluntad divina, en humilde disposición voluntaria y amorosa de obediencia a sus ordenanzas, puede darnos la identidad de carácter que se espera de todo hijo de Dios. Pero esto no surge de la casualidad, sino de una constante y permanente relación de fe. Conocer a Cristo nos llevará a amarlo, amarlo nos llevará obedecerlo y esto nos hará servirlo y solo así seremos transformados a su semejanza para ser canales de su amor y agentes de su mensaje de esperanza sirviendo a otros.
Jeremías 18:6; Marcos 9:38,40; Juan 13:35; 19:26, 27; 2 Corintios 3:18; 1 Juan 3:11-20; 4:7,8; 3 Juan 11.

APLICACIÓN PERSONAL:

Solo el amor pudo vencer todos los obstáculos para nuestra salvación, Cristo asumió ese compromiso como la preeminencia cósmica divina; tomándola como la gran misión de su vida y; corre todos los riesgos para lograrlo. Personalmente vino a enseñar por precepto y ejemplo los principios que deben modelar nuestro carácter en armonía con el cielo, cimentados todos en el gran principio del amor. Él nos invita a: 1) Anhelar la salvación, permaneciendo en comunión personal constante con Él. 2) Cuidar que nuestro liderazgo; privilegio de preferencia, no se convierta en prepotencia. 3) Humillarnos y entregarnos a su amor completamente, a fin de ser transformados al carácter de Cristo. Solo la humildad, obediencia y sencillez abnegada, pueden transformarnos de “hijos del trueno” a “hijos amados”, para salvación nuestra y de otros.

© Cora Duma Escobar de Villareal
© Recursos Escuela Sabática

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