Próximo trimestre
Octubre a Diciembre 2008
La expiación y la cruz de Cristo
La doctrina de la Expiación
Cuando fue llevado al hospital, el anciano ganadero estaba enfermo, ciego y moribundo. Mientras estuvo allí, su nieta venía cada día y le leía; el anciano gozaba del suave sonido de la voz de la niña. Un día, ella encontró en la habitación una Biblia, dejada por un amigo. Por casualidad, la abrió en 1 Juan 1, y comenzó a leer. El anciano la escuchaba atentamente, pero cuando oyó las palabras: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”, la interrumpió.
–Dime –le dijo–, ¿eso está realmente allí?
–Sí, abuelo, está allí.
–¿Puedes leérmelo otra vez?
–“Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”.
Por unos pocos segundos reinó el silencio; entonces, el anciano volvió a preguntar:
–¿Estás segura de que esto está allá, en ese libro?
–Sí, abuelo, bien segura.
–Por favor, toma mi mano y pon mi dedo sobre ese pasaje, y léemelo otra vez.
Mientras ella lo hacía, las lágrimas comenzaron a rodar de los ojos ciegos del anciano, y su voz se oía con dificultad pero con mucha seguridad.
–Hijita… Si alguno te pregunta cómo morí, por favor diles que morí… purificado.
Lo que nos muestra este incidente es que la doctrina de la expiación no es una teoría abstracta acerca de la salvación; más bien, es el poder salvador de Dios en las vidas de los seres caídos y pecadores.
¿Qué es la expiación? En general, se puede decir que la palabra expiación se refiere a la eliminación de cualquier obstáculo en el compañerismo con Dios. En un sentido, la expiación es el equivalente a la reconciliación, pero también incluye la idea de que se elimina cualquier barrera que exista entre Dios y nosotros. La doctrina de la expiación enfatiza el sacrificio de Cristo como el medio expiatorio exclusivo por el cual se quita la barrera entre nosotros y Dios –que es
el pecado–, dejándonos reconciliados con él.
La expiación, de hecho, es la doctrina bíblica alrededor de la cual giran todas las demás. Está centrada en la vida de Cristo, su muerte, su resurrección, su ascensión, su mediación y su regreso. Presupone la presencia del pecado, nuestra desesperada y fundamental necesidad de la salvación, y la disposición amante de Dios para salvarnos.
También es indispensable una comprensión adecuada de la doctrina bíblica de Dios para comprender la expiación. El amor de Dios hizo posible que se restaure la unión y el compañerismo con él por medio de Jesucristo.
Nunca deberíamos dar la impresión de que la muerte de Cristo fue necesaria para persuadir a Dios de que nos ame. Dios envió a Cristo a morir por nosotros porque ya nos amaba. La doctrina bíblica de la Expiación está cimentada en el amor de Dios por las criaturas pecadoras y rebeldes.
La plenitud de los beneficios de la expiación la pueden gozar solo aquellos que, después de haber sido tocados por el
Espíritu Santo, aceptan la oferta divina de la salvación en Cristo como el medio exclusivo del perdón y la reconciliación. Sus corazones están poseídos por el amor y la gratitud a Dios y a Cristo por su sacrificio infinito.
Por lo tanto, es nuestro sincero deseo que este trimestre, mientras estudiamos el significado del sacrificio sustitutivo de Cristo, seamos impulsados hacia un mayor compromiso con aquel que sufrió tanto por nosotros para que, sea que vivamos o que muramos, podamos, como aquel anciano ganadero, hacerlo en paz.
El Dr. Ángel Manuel Rodríguez, nacido en Puerto Rico, es director del Instituto de Investigaciones Bíblicas en las oficinas centrales de la Asociación General, en Silver Springs, Maryland, Estados Unidos de Norteamérica.









